Creación de un Gabinete Nacional para la Transversalización de las Políticas de Género. Decreto 680/2020, 17/8/2020 https://www.boletinoficial.gob.ar/detalleAviso/primera/233689/20200818

En líneas generales, consiste en el conjunto de esfuerzos sistemáticos para encauzar los procesos de formulación e implementación de políticas en todas las áreas del estado, orientado a rectificar las persistentes disparidades entre varones y mujeres (True y Mintron, 2001).

De creciente interés entre los gobiernos latinoamericanos, esta perspectiva ha sido adoptada como la estrategia oficial para garantizar la equidad de género en la Unión Europea, según lo establece el Tratado de Ámsterdam de 1997, al punto que la adopción de un enfoque transversal hoy es un requisito para solicitar el estatus de estado miembro a la Unión Europea.

A propósito de este enfoque, surgen algunas preguntas sobre las capacidades institucionales necesarias para su adopción. ¿En qué condiciones es posible incorporar el enfoque de la transversalización de género? ¿Cuentan los países con capacidades suficientes para impulsar una mirada de género en el conjunto de las políticas públicas?

¿Cuál es la modalidad de espacio público que enmarcaría este tipo de políticas de igualdad? Si entendemos la transversalización de género en un sentido transformador –lo cual implica cambiar los propios estándares asociados con la masculinidad y la feminidad, no sólo trastocando su valoración cultural relativa sino haciendo del género un atributo menos saliente (Rees, 2005)–, la misma demandaría nuevas capacidades por parte de los estados, las organizaciones de mujeres y los movimientos feministas.

¿QUÉ ES LA TRANSVERSALIZACIÓN DE GÉNERO? En líneas generales, la transversalización de género implica integrar sistémica y comprehensivamente las nociones de desigualdad entre los sexos en la hechura de las políticas públicas, su dinámica de ejecución y evaluación. El artículo 202 de la Plataforma de Acción de Beijing (1995) dio un importante impulso a este enfoque acerca de cómo trabajar desde las intervenciones y las acciones del estado…

En consecuencia, las intervenciones estatales no son concebidas sólo como un instrumento para transformar las relaciones desiguales entre los sexos; sino que –por el contrario– son prácticas y reglas que construyen, primariamente, desventajas individuales y colectivas que se inscriben en términos de género. En un sentido estricto, todaslas políticas estarían, en términos de Joan Acker (1990) generizadas, lo cual significa que sus contenidos, objetivos y métodos de trabajo, entre otros aspectos, están imbuidos de concepciones sobre el valor relativo de lo masculino y lo femenino, así como de creencias sobre los comportamientos normativamente deseables para varones y mujeres. La mentada neutralidad de las políticas escondería la reproducción de desigualdades, aún cuando ello distase de ser su propósito.

… la perspectiva de la transversalización apuntaría a transformar la propia textura del estado en aras de una radical reducción de las desigualdades. Al actuar sobre los sesgos de género institucionalizados en el aparato del estado y en su menú de políticas públicas, se abordaría la naturaleza estructural y de regímenes múltiples que implican las relaciones de género (Pascall y Lewis,2005). En particular, y tal como su nombre lo denota, la transversalización procura incorporar una visión de género en las mainline policies, es decir, en las políticas clave del estado como las económicas, financieras, de inversión y comerciales, tradicionalmente ajenas a las problemáticas de las relaciones entre los sexos y de relevancia central para la distribución de recursos. En definitiva, como argumenta Squires (2005), porque toma un enfoque de sistemas, (la transversalizción) parecería tener un potencial transformador mayor que las políticas de igualdad previas [igualdad de trato, igualdad de oportunidades]. Nos lleva más allá de la clásica oposición entre igualdad de oportunidades e igualdad de resultados, tal como está encarnado en la igualdad de trato y la acción positiva, al centrase en la reproducción estructural de la desigualdad de género y apuntar a transformar el proceso político de tal forma que estos sesgos de género resulten eliminados.

Una investigación de True y Mintrom (2001) sugiere algunos factores que harían más probable la adopción de la perspectiva de la transversalidad por parte de los gobiernos, destacándose –entre los más importantes– los mecanismos democráticos consolidados, la mayor representación numérica de mujeres en las posiciones de poder del estado y la proporción de mujeres con educación superior.

Aún cuando estén presentes aquellos factores que favorecerían la adopción de la transversalización, esta política conlleva un desarrollo práctico no exento de dificultades. Como afirman Moser y Moser (2005), la transversalización es susceptible de experimentar evaporación. Ello podría deberse, entre múltiples causas, a la falta de recursos adecuados, a una cultura organizacional tradicional, a actitudes de resistencia por parte de los y las ejecutoras, así como a una interpretación aditiva del género; es decir, como un proceso agregado pero separado de los objetivos principales de una política y no intrínseco a las actividades de las organizaciones. Seguir leyendo….