En el marco del actual derecho de las familias, basado en el reconocimiento jurídico de las múltiples formas de vivir en familia sin consagrar un tipo ideal o de protección preferente, el respeto de la diversidad se presenta como un desafío para evitar en cada caso el silenciamiento de realidades vinculares reveladas por sus protagonistas, que forman parte de la parte impensada de nuestra realidad  –aquella que ad-viene al derecho cuando se le “da la palabra al otro” y no se la reduce a las interpretaciones dadas y pacíficamente aceptadas, sino que “da a pensar” la alteridad, hasta ese momento ininteligible, ausente, callada o negada. [Seguir leyendo]